La Presentación

La Presentación es el cuarto misterio gozoso del Rosario. María y José llevan a Jesús al Templo. Simeón lo recibe en brazos y Ana anuncia su llegada a quienes esperan la redención. Simeón también profetiza el dolor de María.

Arte sacro: La Presentación del Señor en el Templo

Escritura

Lucas 2:21-24

Cuando se cumplieron los ocho días para la circuncisión del niño, se le puso el nombre de Jesús, que le fue dado por el ángel antes de ser concebido en el vientre. Cuando se cumplieron los días de su purificación según la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor (como está escrito en la ley del Señor: “Todo varón que abra el vientre será llamado santo para el Señor”), y para ofrecer un sacrificio según lo que se dice en la ley del Señor: “Un par de tórtolas o dos pichones”.

Fruto espiritual: obediencia

Jesús es llevado al Templo

María y José llevan a Jesús a Jerusalén conforme a la Ley del Señor. Allí encuentran a Simeón y Ana, que han esperado fielmente la salvación de Dios. Simeón toma al niño en brazos y alaba a Dios. Ana da gracias y habla de él a quienes esperan la redención de Jerusalén.

Lucas 2,22–38 narra el cuarto misterio gozoso. A la alegría de Simeón se une una profecía solemne: Jesús será signo de contradicción y María conocerá el dolor. Sus palabras presentan a Cristo como luz para las naciones y preparan a María para el sufrimiento que vendrá. Esta profecía forma parte del encuentro que contemplamos en la decena.

El fruto de la obediencia

María y José cumplen la Ley con un gesto sencillo y fiel. Su obediencia expresa el amor a Dios en lo que les ha sido confiado. Podemos pedir la gracia de cumplir con cuidado nuestras propias responsabilidades. Quizá pensemos en una tarea que llevamos tiempo aplazando, especialmente si otra persona depende de que la terminemos.

Esa fidelidad puede pasar inadvertida. Simeón y Ana llevan años esperando al Señor. Una lectura apresurada puede dejar en segundo plano su devoción, pero Lucas muestra cómo ambos reconocen a Jesús. En esta decena podemos orar por las personas mayores de nuestra familia y parroquia, en especial por aquellas cuya devoción discreta ha sostenido a otros. Damos gracias por la sabiduría que han compartido y por sus oraciones, aunque nunca lleguemos a conocer todos sus frutos.

Recibir la luz de Cristo

La fiesta de la Presentación se celebra el 2 de febrero. La bendición de las velas recuerda que Cristo es la luz. Este misterio se puede contemplar durante todo el año, también cuando necesitamos paciencia o claridad. La bendición de las velas forma parte de la liturgia de la fiesta. En casa, una vela puede recordar las palabras de Simeón sobre la luz de Cristo, siempre que pueda usarse con seguridad.

Rosario de los Siete Dolores: La profecía de Simeón →

Fuentes