La Visitación
La Visitación es el segundo misterio gozoso del Rosario. María visita a Isabel, que la reconoce como la madre de su Señor. Su bendición forma parte del Ave María.

Escritura
Lucas 1:39-42
En aquellos días, María se levantó y se fue de prisa a la región montañosa, a una ciudad de Judá, entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Cuando Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó en su seno; e Isabel quedó llena del Espíritu Santo. Gritó en voz alta y dijo: “Bendita eres entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre.”
Fruto espiritual: amor al prójimo
Un viaje por amor
Después de la Anunciación, María va a visitar a Isabel. Las dos esperan un hijo y han recibido una promesa cuyo cumplimiento depende de Dios. Lucas relata la llegada de María y el saludo de Isabel, mientras Juan salta de gozo en el seno de su madre. Isabel acoge a María en su casa, y el saludo entre ambas proclama lo que Dios ha hecho.
El relato continúa hasta Lucas 1,56. Isabel reconoce en María a la madre de su Señor. María responde con el Magníficat, alabando la misericordia y la fidelidad de Dios. Su cántico recuerda las obras de Dios en favor de su pueblo y se alegra de que él mire a los humildes. Leer el encuentro completo antes de esta decena permite escuchar tanto la bendición de Isabel como la respuesta de María.
El fruto del amor al prójimo
El segundo misterio gozoso nos invita a pedir la caridad. María lleva a Jesús a Isabel, y su presencia es una bendición. Su viaje nos hace pensar en quienes agradecerían nuestra compañía, sobre todo en alguien que recibe pocas visitas. Para una persona que no puede salir de casa, esas visitas pueden ser una parte importante de su relación con los demás.
Isabel también nos enseña a recibir la alegría de otra persona. Bendice a María sin envidia. La amistad permite reconocer y alentar los dones de Dios en el otro. Cuando nuestras propias esperanzas siguen sin cumplirse, una buena noticia ajena puede despertar sentimientos encontrados. La acogida de Isabel nos ayuda a llevar esa dificultad a la oración y a agradecer a Dios los dones que concede a nuestros amigos.
Contemplar este encuentro
El Ave María recuerda la bendición de Isabel y nombra al hijo que María lleva en su seno. Sus palabras familiares nos acercan así a la Visitación. En el Magníficat que sigue al saludo, María da gracias por lo que Dios ha hecho en ella.