Jesús es sepultado

El séptimo dolor de María.

Jesús es sepultado

Sagrada Escritura

Juan 19,41–42

En el lugar donde fue crucificado había un jardín. En el jardín había un sepulcro nuevo en el que nunca se había puesto a nadie. Entonces, a causa del día de preparación de los judíos (pues el sepulcro estaba cerca), pusieron allí a Jesús.

Santa Biblia libre Latinoamericano · Dominio público

Meditación

Jesús es depositado en un sepulcro nuevo, en un huerto cercano al lugar de su crucifixión. La sepultura debe realizarse antes del sábado. El relato de Juan es sereno y breve. El cuerpo del Señor, preparado con amor, es colocado en la tierra, y termina la tarea de quienes han cuidado de él.

El séptimo dolor contempla la aflicción de María ante esta sepultura. Su Hijo ha muerto verdaderamente. La Iglesia la acompaña en el silencio del Sábado Santo, esperando el cumplimiento de la promesa de Dios. Cristo ha entrado en la muerte y su Resurrección revelará la victoria de la vida que él da.

Esperanza en la Resurrección

Ante una tumba, la esperanza cristiana se expresa mediante la oración por los difuntos y la confianza en la misericordia de Dios. Pedimos a María que acompañe a quienes lloran, especialmente a quienes afrontan los primeros días de un hogar vacío. Rezamos por nuestros familiares y amigos difuntos y por los muertos que no tienen a nadie que rece por ellos. Que Cristo resucitado los reciba en su paz y sostenga a quienes están de duelo.

Oración para este dolor

Madre amadísima, cuya belleza supera la de todas las madres, Madre de Misericordia, Madre de Jesús y Madre de todos nosotros, somos tus hijos y ponemos en ti toda nuestra confianza. Enséñanos a ver a Dios en todas las cosas y situaciones, incluso en nuestros sufrimientos. Ayúdanos a comprender la importancia del sufrimiento y a conocer el sentido que Dios ha querido dar a nuestros sufrimientos.

Tú fuiste concebida y naciste sin pecado, y fuiste preservada del pecado; sin embargo, sufriste más que nadie. Aceptaste el sufrimiento y el dolor con amor y con una valentía sin igual. Permaneciste junto a tu Hijo desde que fue arrestado hasta su muerte. Sufriste con él y sentiste cada uno de sus dolores y tormentos. Cumpliste la voluntad de Dios Padre y, conforme a esa voluntad, te has convertido en nuestra Madre. Te suplicamos, querida Madre, que nos enseñes a obrar como Jesús. Enséñanos a aceptar nuestra cruz con valentía. Confiamos en ti, Madre misericordiosísima; enséñanos a sacrificarnos por todos los pecadores del mundo. Ayúdanos a seguir los pasos de tu Hijo y a estar dispuestos incluso a dar la vida por los demás.

Continúa con el Padre Nuestro una vez, el Ave María siete veces y la invocación Madre misericordiosísima.

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Fuentes