La Institución de la Eucaristía

La Institución de la Eucaristía es el quinto misterio luminoso del Rosario. En la Última Cena, Jesús entrega a sus discípulos su Cuerpo y su Sangre. Su sacrificio salvador se hace presente en la Eucaristía, que la Iglesia sigue celebrando. Esta decena se ofrece en acción de gracias y para crecer en el amor a la Misa.

Arte sacro: La Institución de la Eucaristía

Escritura

Mateo 26:26

Mientras comían, Jesús tomó un pan, dio gracias a Dios, lo partió y se lo dio a sus discípulos, diciendo: “Tomen, coman; esto es mi cuerpo”.

Fruto espiritual: adoración

Cristo se entrega a sus discípulos

En la Última Cena, Jesús toma el pan y el vino, da gracias y entrega a sus discípulos su Cuerpo y su Sangre. Les manda hacerlo en memoria suya. El quinto misterio luminoso nos lleva a la institución de la Eucaristía, el sacramento en el que la Iglesia recibe el don permanente de la presencia de Cristo y de su sacrificio salvador.

Los relatos evangélicos y las palabras de san Pablo en 1 Corintios 11,23–26 dan testimonio de este don. La Iglesia confiesa que Cristo está verdadera, real y sustancialmente presente bajo las especies de pan y vino. En la Misa, su único sacrificio de la Cruz se hace presente sacramentalmente; no se repite como un sacrificio distinto.

El fruto de la adoración

La adoración comienza por reconocer a quién tenemos delante. Recibimos al Señor con reverencia y gratitud, conscientes de que su don supera lo que podemos comprender o merecer. En esta decena pedimos un amor más profundo a la Misa y la gracia de prepararnos bien para la Sagrada Comunión. El examen de conciencia nos ayuda a considerar si estamos preparados para comulgar y si debemos acudir primero a la confesión sacramental.

El don de Cristo también nos enseña la caridad. Recibir su Cuerpo nos une a él y a la Iglesia. Nos llama a cuidar unos de otros, especialmente de quienes pasan hambre o suelen quedar olvidados. La reverencia que expresamos en el culto debe acompañar nuestra manera de tratar a los demás al salir de la iglesia. Ese cuidado puede comenzar con alguien de nuestra parroquia cuyas necesidades han pasado inadvertidas.

Permanecer con el Señor

Este misterio es especialmente apropiado durante una visita al Santísimo Sacramento. En una iglesia, el silencio ante el sagrario puede ayudarnos a prestar atención a la presencia de Cristo. En casa, el relato de la Última Cena nos ofrece las mismas palabras y acciones para contemplar.

Fuentes