La Transfiguración
La Transfiguración es el cuarto misterio luminoso del Rosario. Pedro, Santiago y Juan ven la gloria de Jesús en el monte, donde la voz del Padre les pide que escuchen a su Hijo. Este acontecimiento los prepara para su Pasión.

Escritura
Mateo 17:1-2
Al cabo de seis días, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, su hermano, y los llevó solos a un monte alto. Se transformó ante ellos. Su rostro brillaba como el sol, y sus ropas se volvieron blancas como la luz.
Fruto espiritual: deseo de santidad
La gloria de Cristo en el monte
Jesús lleva a Pedro, Santiago y Juan a un monte para orar. Se transfigura ante ellos, y aparecen Moisés y Elías junto a él. Una nube los cubre y la voz del Padre identifica a su Hijo y les pide que lo escuchen. Los discípulos contemplan la gloria de Cristo antes del sufrimiento de su Pasión.
La Transfiguración es el cuarto misterio luminoso. Los relatos de Mateo 17,1–9, Marcos 9,2–10 y Lucas 9,28–36 nos ayudan a contemplar este acontecimiento. En Lucas, Moisés y Elías hablan de lo que Jesús cumplirá en Jerusalén. La gloria del monte pertenece a la misma misión salvadora que lo llevará a la Cruz y a la Resurrección.
El fruto del deseo de santidad
La voz del Padre invita a los discípulos a escuchar a su Hijo. Pedimos la santidad que crece al conocer a Cristo y seguirlo. El relato une la revelación de su gloria con el camino hacia la Pasión.
Pedro desea permanecer en el monte, pero los discípulos han de bajar con Jesús. A veces la oración trae una paz que quisiéramos conservar intacta. Otras veces transcurre en silencio o se hace difícil. Los discípulos dejan el monte y continúan el camino hacia Jerusalén. Recordar ese descenso puede ayudarnos a comprender por qué a un tiempo de consuelo en la oración le siguen las exigencias habituales de la vida diaria.