Acordaos (Memorare)
El Acordaos es una oración tradicional que pide a María que escuche nuestra súplica e interceda por nosotros. Su nombre latino (Memorare) significa «Acuérdate», la palabra con la que comienza. A menudo se reza después del Rosario o por sí solo, por una intención particular. El Compendio lo incluye entre las oraciones comunes de la Iglesia.
oh piadosísima Virgen María,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que han acudido
a tu protección,
implorando tu asistencia
y reclamando tu socorro,
haya sido abandonado de ti.
Animado con esta confianza,
a ti también acudo, oh Madre,
Virgen de las vírgenes,
y aunque gimiendo
bajo el peso de mis pecados,
me atrevo a comparecer
ante tu presencia soberana.
No deseches mis humildes súplicas,
oh Madre del Verbo divino,
antes bien, escúchalas
y acógelas benignamente. Amén
En latín
Memoráre, o piíssima Virgo María,
non esse audítum a sæculo,
quemquam ad tua curréntem præsídia,
tua implorántem auxília, tua peténtem suffrágia, esse derelíctum.
Ego tali animátus confidéntia,
ad te, Virgo Vírginum, Mater, curro,
ad te vénio, coram te gemens peccátor assísto.
Noli, Mater Verbi, verba mea despícere;
sed áudi propítia et exáudi. Amen.
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Acudir a María
El Acordaos pide a María que escuche nuestra súplica y ruegue por nosotros. Su nombre latino, Memorare, significa «Acuérdate» y es la primera palabra de la oración en latín. Acudimos a ella como madre de Jesús, confiando en su cuidado maternal.
Esta confianza va unida a la humildad. Acudimos como pecadores, reconociendo nuestra necesidad de misericordia. El título «Madre del Verbo divino» mantiene a Jesús en el centro: el Verbo eterno se hizo verdaderamente hombre y nació de ella. Su intercesión depende de la obra salvadora de su Hijo, como enseña la Iglesia sobre toda oración a María.
Una oración tradicional
La afirmación de que nadie ha sido abandonado expresa confianza devocional en la intercesión de María. No es una promesa de que toda petición vaya a recibir respuesta de la forma o en el momento que elijamos. Confiamos la súplica a Dios por medio de su oración y permanecemos abiertos a su voluntad.
Se atribuye tradicionalmente a san Bernardo de Claraval, aunque su autoría no está establecida. El padre Claude Bernard, sacerdote francés del siglo XVII, contribuyó a difundirla. La semejanza de sus nombres ha dado lugar a confusión.
El Compendio del Catecismo incluye esta oración entre las oraciones comunes. Aquí se presenta su forma española publicada por la Santa Sede. El texto latino comienza con la misma petición de recordar la confianza de quien acude a su protección.
Rezar el Acordaos después del Rosario
Puedes añadir el Acordaos después de las oraciones finales habituales. No tiene una cuenta asignada y no es necesario para completar el Rosario. Un grupo puede incluirlo entre sus oraciones finales, rezando todos juntos el texto. También puede rezarse por sí solo. Después del Rosario presenta otras oraciones opcionales.